miércoles, 17 de septiembre de 2014

Día de loquero

Hay un día de la semana que se caracteriza por mi visita al medico. Un psiquiatra para ser exacto.
Desde que me despierto hasta mi partida es un día como cualquier otro: aburrido y monótono. Pero claro, siempre trato de mejorar todo hablando con una gran amiga.

La caminata hasta el consultorio es algo corta pero tediosa, ya que hay calles donde no hay vereda y otras que cuesta mucho cruzar.

Cuando por fin empieza la sesión yo cuento lo que me pasó en la semana y algún síntoma que haya sentido y luego llega un largo e incómodo silencio, interrumpido por preguntas sobre mi familia y estudios, que casi siempre tienen la misma respuesta, y por un celular que suena de vez en cuando.

Al final me pregunta si me faltan medicamentos y me da uno que otro consejo y  dato sobre mi situación. Regreso cansado a casa luego de otra tediosa caminata y le digo a mi mamá que me fue bien, que el psiquiatra no me dijo nada en especial. Luego vuelvo en busca de mi amiga de internet mientras intento relajarme y descansar un poco.